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1.2.12

INGEBORG BACHMANN (PARTE III): POEMAS A ANNA AJMÁTOVA Y NELLY SACHS



Tras este diluvio / quiero a la paloma /
y únicamente a la paloma / verla salvada de nuevo.//
¡Yo me hundiría en este mar! // si ella no volase /
si ella no trajese / a última hora la hoja.

I. B., Tras este diluvio

El último período creativo de Ingeborg Bachmann nos acerca un momento de su creación tan hermoso como desesperante. En el instante de la renuncia, el canto se torna más bello, doloroso y visceral. Otra forma de arder en el lenguaje. Volveremos en este pequeño dossier a transitar por las hojas y papeles que el fuego ha perdonado. Acercamos en esta oportunidad dos imprescindibles poemas escritos por Ingeborg Bachmann para dos colegas inmensas.

El primero es para la poeta Anna Ajmátova, y el segundo para la poeta Nelly Sachs

EN VERDAD

Para Anna Ajmátova

A quien nunca se quedó sin palabras,
y yo os los digo,
quien sólo sabe ayudarse a sí mismo
y con las palabras,.

a éste no se le puede ayudar.
Ni por el camino corto
ni por el largo

Hacer sostenible una única frase,
aguantar en el ding-dong de las palabras.

Nadie escriba esta frase
que no la firme.


VOSOTRAS PALABRAS

Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, en veneración

¡Vosotras, palabras, levantáos, seguidme!
y aunque ya estemos lejos,
demasiado lejos, nos alejaremos una vez
más hacia ningún final.

No aclara.

La palabra
sólo arrastrará
otras palabras,
la frase otras frases.
El mundo así quiere,
definitivamente,
imponerse,.
quiere estar dicho ya.
No las digáis.

Palabras, seguidme,
¡que no se vuelva definitiva
—esta ansia del verbo
y dicho y contradicho!

Dejad ahora un rato
que ninguno de los sentimientos hable,
que el músculo corazón
se ejercite de una manera diferente.

Dejad, digo, dejad.

Nada digo yo susurrado
al oído supremo,
que sobre la muerte no se te ocurre nada,
déjame y sigueme, ni dulce
ni amargo,
ni consolador,
no significativamente
sin consuelo
tampoco sin signos—

Y sobre todo, no eso: la imagen

en el tejido de polvo, el retumbar vacío
de silabas, palabras de agonía.

¡Sin decir nada,
vosotras palabras!


Notas sobre la autora:
1.Una forma de arder en el lenguaje
2.Política y poema de amor



Las versiones pertenecen a Cecilia Dreymuller y Concha  Garcia

21.10.09

INGEBORG BACHMANN (PARTE II) POLITICA Y POEMA DE AMOR






nunca
pensé,
que a través del sudor de la piel
se me haría presente
el […] mundo.

El odio me ha enfermado,
me siento deformada, estos abscesos
me prohiben incluso mostrarme
junto a los hombres.


Mucha agua ha corrido bajo el puente desde aquel consejo de Rilke al joven Kappus: no escriba poemas de amor. Tal vez el existencialismo de Rilke guardara algo en común con el grito de Rimbaud: El amor es algo a reinventar, eso ya se sabe. Jean Bollak teoriza largamente acerca de algunos poemas de Bachmann como respuesta a composiciones de Paul Celan. El amor como una política.

(Amor: continente oscuro:

…Él alza el fetiche. La palabra se te olvida / Maderas dulces tocan un tambor oscuro / Contemplas fascinado el lugar de tu muerte… )

Poco antes de su muerte, el 5 de mayo de 1971, la periodista Helse Heiimester le pregunta a Ingeborg Bachmann: ¿El rol de la mujer actual es compatible con el amor?
Respuesta: Evidentemente no. El amor es una obra de arte y yo no creo que muchos hombres lo puedan realizar. Yo no sé si he logrado realizar el genio del amor. 
En otra ocasión, Ingeborg Bachmann se referirá a la imposibilidad del amor en el tipo de sociedad de masas. Pero lo que nos interesa plantear en estos textos es justamente eso: el poema de amor después de. Transcribimos a continuación un poema de Ingeborg Bachmann que parece responder sobradamente tal interrogante.


UNA ESPECIE DE PERDIDA

Usados en común: estaciones del año, libros y una música
Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados, gastados.
Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y siempre alargada la mano.

De invierno, de un septeto vienés y de veranos me he enamorado.
De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
Con fechas he hecho un culto promesas he declarado irrevocables,
he adorado un algo y he sido devota delante de una nada.

(—de un periódico doblado, de las cenizas frías, del papel con un apunte)
impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.

De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable.
Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis vecinos.
Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi cabello tenía su color más intenso.
La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.

No te he perdido a ti,
sino al mundo.


Ingeborg Bachmann, Ultimos Poemas, Ediciones Hiperión, traducción de Cecilia Dreymuller y Concha García, 1999. 

Epígrafes: traducción de Breno Onetto, poemas pertenecientes a No sé de ningún mundo mejor.


Otras notas sobre la autora:



14.10.09

INGEBORG BACHMANN: UNA FORMA DE ARDER EN EL LENGUAJE




Quizás alguna vez me pueda reconocer

en una paloma, en una piedra rodante...
¡Solo falta una palabra! Como debo llamarme
sin existir en otro idioma
I.B.


Ingeborg Bachmann (1926—1973) sitúa el fin de su niñez el día en que presenció la entrada de las tropas de Hitler en Klagenfurt.
La historia enseña pero no tiene alumnos— escribirá.
Intima de Anna Ajmatova y Paul Celan (con quien compartió el grupo del 47, referente inevitable para quien escriba poesía después de las atrocidades del siglo XX), lectora crítica de los filósofos Martin Heidegger y Ludwig Wittgenstein, la poesía de I. B indaga al lenguaje desde los límites mismos del lenguaje. Como si al confesionalismo simbólico de Sylvia Plath uniera la indagación política (en verdad presente también en la obra de Plath), humana y filosófica.

El fascismo no empieza –afirma– con las primeras bombas que se tiran... Empieza en las relaciones entre las personas. El fascismo es lo primero en la relación entre un hombre y una mujer.

Bachmann nació en Austria ( acuden palabras para todos. Pero este idioma no lo entiendo. // He visto el país de la niebla / He comido el corazón de niebla) y murió en Roma, según se dice por haberse dormido con uno de sus sesenta Gitanes diarios encendidos.


Creo realmente en algo a lo que llamo ‘vendrá un día’. Y un día eso vendrá. Sí, es probable que no venga... y sin embargo, creo en ello. Si no pudiera creer más, tampoco podría escribir más



Indagar al lenguaje y sus (im)posibilidades fue uno de las tónicas del siglo XX. Queda pendiente la pregunta que popularizó la frase de Theodor Adorno.

Cómo se escribirá después de Awschitz o después del Proceso Militar. Después de los totalitarismos que asolaron el siglo XX, tal vez último espacio para las vanguardias.

El nuevo siglo ha nacido y aún persiste la pregunta.

Los últimos días de Ingeborg Bachman no fueron precisamente plácidos. Drogas (del Seconal al Nembutal), cierta popularidad extraña en un escritor de sus características, que en verdad no la ayudó demasiado, desengaños (no te he perdido a ti sino al mundo) y creatividad.

Luego del éxito de sus libros, entre los que se destaca Invocación a la Osa Mayor, Ingeborg Bachmann renunció a la poesía. Estos versos, dedicados a su íntima Anna Ajmátova, algo nos dicen:


Hacer sostenible una única frase

aguantar el ding dong de las palabras.

Nadie escriba esta frase que no la firme.


Y algo dicen también estos versos escritos para su venerada Nelly Sachs:

No aclara.


La palabra
sólo arrastrará
otras palabras,
la frase otras frases.
El mundo así quiere,
definitivamente,
imponerse,
quiere estar dicho ya.
No las digáis.

Y en un reportaje añade la siguiente declaración:

Sigo sabiendo poco de poemas, pero entre lo poco, está la sospecha. Sospecha de ti lo suficiente, sospecha de las palabras, de la lengua, me he dicho muchas veces, ahonda esta sospecha —para que un día quizás, pueda originarse algo nuevo— o que no se origine nada más.
Ese es el aún no de Bachmann que nos interpela en tanto escritores. Transcribimos el poema de su renuncia a la poesía, escrito no mucho antes de la fecha de su muerte.

NADA DE DELIKATESSEN

Ya nada me gusta.

¿Debo
ataviar una metáfora
con una flor de almendro?
¿crucificar la sintaxis
como un efecto de luz?
¿Quién se romperá la cabeza
con cosas tan superfluas—?

He aprendido a ser sensata
con las palabras que hay
(para la clase más baja)

hambre
deshonra
lágrimas
y
tinieblas.

Con los sollozos no depurados,
con la desesperación
(y desespero de desesperación)
por tanta miseria,
por el estado de los enfermos, el coste de la vida,
me las arreglaré.

No descuido la escritura,
sino a mí misma
Los otros lo saben,
dios lo sabe
qué hacer con las palabras.
Yo no soy mi asistente.

¿Debo
aprisionar un pensamiento
llevarlo a la iluminada celda de una frase?
¿Alimentar oídos y ojos
con bocados de palabras de primera?
¿Investigar la libido de una vocal,
averiguar el valor de amateur de nuestras consonantes?

¿Tengo que,
con la cabeza apedreada,
con el espasmo de escribir en esta mano
bajo la presión de trescientas noches
romper el papel,
barrer las urdidas óperas de palabras,
destruyendo así: yo tú y él ella lo

nosotros vosotros?

(Que sea. Que sean los otros.)

Mi parte, que se pierda.


Ingeborg Bachmann, ULTIMOS POEMAS. Ediciones Hiperión, traducción de Cecilia Dreymuller y Concha García, 1999