5.2.14

UN SALVAJE EN LA CORTE DEL ZAR





1. LA INMENSIDAD (a la luz de la tierra):

Fue en la inmensa Siberia, en la ya lejana corte de los zares; una tierra fértil para la magia, plena de sectas y de místicos, campesinos y creencias. Allí donde cualquier lugar queda lejos, entre el frío y las heladas, bajo un cielo puro y más allá los osos; los bosques y los lobos, los lagos como espejos y las estrellas tan cerca. A la luz de la tierra que permite la plena manifestación de los dones. Con pequeñas aldeas en la inmensidad como fuegos en «la unánime noche». En la morada de un cultivador y cochero, dueño de unas pocas vacas y caballos. En la tierra del vodka, en la aldea de Pokrovskoie (lugar de paso para peregrinos y místicos), durante enero de 1864, donde nació Gregori Efimovich Rasputín. Entre el frío y las heladas, bajo un cielo puro y más allá los osos, los bosques y los lobos, los lagos como espejos, Donde cualquier lugar queda lejos.
Y con las estrellas tan cerca...


2. DESPUÉS DEL DESHIELO (LA INFANCIA)

Cuando la primavera apenas comenzaba a derretir los hielos, el pequeño Gregori y su hermano Misha se acercan a jugar al río. En un trágico accidente, caen al agua bajo el sol helado. Misha muere. Rasputín, que apenas sobrevive a su hermano mayor, es velado en la casa junto a la chimenea, envuelto en mantas tibias, entre llantos y plegarias. Después de un largo tiempo al borde de la muerte, saliendo del estado de coma y entre las alucinaciones de la fiebre, la virgen se le presenta por primera vez. Rasputín no conoció a su madre, pero la indecible calidez de esa aparición lo ilumina y lo acompañará por siempre.
Como un pequeño loco de Asís, Gregori se dedica a alimentar a los animales, recoger leña y cultivar el trigo. Por piedad, deja de comer carne. En la caballeriza de su padre comprende que un analfabeto es cualquier persona incapaz de comunicarse con un animal. Rasputín no sabe leer y jamás irá a la escuela. Está lejos del afeminamiento masturbatorio de las bibliotecas, donde la transferencia de una experiencia religiosa es todo lo que el lector busca (algo desde ya destinado al fracaso). Pues las revelaciones no son letra muerta. Se viven mucho más allá del veneno de la intelectualización.


3. LAS PEREGRINACIONES. LOS DONES.

Preocupado porque abandona las tareas del hogar, su padre Efim se pregunta qué está ocurriendo con su hijo. Gregori parte en caballo hacia los bosques oscuros y desaparece por largo tiempo. Retorna con una mirada indescifrable al silencio de la isba. De uno de sus viajes llega acompañado por Praskova, quien será su fiel esposa. En el silencio del bosque la virgen se le manifiesta por segunda vez. Allí comprende la tragedia e importancia de su misión. Tiene tres hijos: Dimitri, Matriona y Varvara. Anuncia a su familia que debe partir y está ausente durante cuatro años. Son frecuentes sus visitas al monasterio—penitenciaría de Verjouterie. Toma contacto con la secta de los jlistis, que en su espiritualidad no pierde de vista la satisfacción de los deseos de la carne, que utilizan incluso como una forma de purificación (el sentido festivo—orgiástico de la religión,  no contrapuesto al retiro, la meditación, el silencio y la oración). Intentando trasladar una ley universal a este lenguaje indigente debe decirse que todo engendra su sombra. La maldad no es la contracara del bien sino su necesaria complementación. La sombra, al ser ignorada, acecha desde las profundidades para manifestarse en algún momento.
Sea dicho de una vez:
la sombra de la castidad es la perversión.


4. REGRESO CON DONES

Rasputín retorna a su familia después de un exilio de cuatro años. No es el mismo. Algo se ha encendido para siempre en su mirada. Los cabellos largos y sucios, la ropa de un vagabundo, su voz templada de rezos. Los rumores corren rápidamente. Dicen que se lo ha visto curar enfermos. Invita a sus vecinos a orar. Las mujeres lo siguen con fascinación hipnótica. Se dice que se lo ha escuchado gritar desgarradoramente desde las reclusiones en su pequeño santuario Señor, apiádate de mí. Construye una capilla en el sótano y comienza a hacer prodigios (sólo tomando la mano del enfermo y orando). Algo extraño ocurre después de cada curación. Pálido y exhausto, parece haber envejecido más de treinta años. El pope de la iglesia, ignorante y celoso, manifiesta que el anticristo se encuentra en Pokrovskoie.
Todo bajo un cielo helado. Y con las estrellas tan cerca.


5. SAN PETESBURGO

Es al llegar a la gran ciudad donde comienza la otra historia. Su fama de santo—salvaje—curador hace que acudan a él toda clase de personajes de las clases altas. Entonces Alejandra, la zarina, desesperada por la salud de su pequeño hijo Alexis, el heredero del zar Nicolás II, acude a él. Rasputín entra al palacio sin modales pero con honestidad de campesino y, como un vampiro a la inversa alivia la hemofilia del niño. Este hecho le da entrada libre al palacio. Entonces los enemigos comienzan a multiplicarse. ¿Cómo ese campesino sucio e ignorante puede tener tanta influencia sobre los zares? ¿Qué tipo de incondicional debilidad manifiesta por él Alejandra, la zarina? Los rumores perturban al palacio, avergüenzan a los moralistas, desvelan a los buitres del poder. Pero aún así, entre curaciones y oraciones, Rasputín se entrega a las mujeres, el vino y la danza, exaltando como un antibuda toda esa vida que brota de su cuerpo: considera que nada puede ser malo por provenir de dios. Responde con arrogancia a quienes pretenden rebajarlo. Su plegaria ahora ahora es: «Padre ¿por qué todas las mujeres son hermosas?»


6. LA MIRADA

Gregori se debate entre sus visiones y la tragedia de su misión. La mirada de Rasputín atraviesa su tierra helada, la muerte de los soldados en el frente, la tentación en las faldas de cada extraña, las manos de los trabajadores, el vino y los frutos de la tierra mágica, el germen de la revolución incubándose en el frío...Algo encuentran los zares en él (más allá de los rumores que lo vinculan sexualmente con la zarina y con todas las damas de la nobleza). Es el testimonio vivo de su pueblo ante dos gobernantes ajenos a las preocupaciones de Rusia. Y además siente un amor auténtico por el pequeño Alexis, el heredero, que lo considera su amigo y reclama su presencia para aliviar su salud (este afecto también incluye a las hermanas del zarievich). Son los años de la primera guerra mundial y la situación del gobierno es desastrosa. Durante uno de los regresos a su aldea, Rasputín es apuñalado en el vientre por una mujer que grita: «He matado al anticristo, he matado al anticristo».


7. LA POLICIA DEL KARMA

Los informes de la policía del imperio dan cuenta de sus orgías y borracheras. Una siniestra conspiración comienza a gestarse. El príncipe Felix Yusopov junto a sus cómplices (un grupo de políticos ultraconservadores) invitan a Rasputín a un «té» a la medianoche. La bebida y los pasteles están envenenados. Pero Rasputín no murió. Presa del malestar atravesó a quienes lo rodeaban con su mirada atemorizante. Yusopov, aterrorizado, le disparó en el pecho. Aún así Rasputín se levantó y sangrando, logró salir al patio. Volvieron a dispararle por la espalda, pero se mantuvo erguido. Entonces fue conducido hasta el río helado donde tras abrir un boquete fue arrojado vivo. Un año después la familia imperial sería acribillada a balazos y estallaria la revolucion.
Las leyendas son carne para los biógrafos y la lejana perspectiva de la historia terminará por afantasmarlo todo.
Pero bien vale revisitar a este personaje cuya mirada alcanzó el nivel de mito.
Hoy que todos los ojos están muertos.
Y las estrellas tan lejos.


14.11.13

EL CUERPO DURANTE LA DICTADURA MILITAR (BREVES CONSIDERACIONES ACERCA DE UN ACTO FALLIDO)

Foto:  Sara Facio

Es necesario ubicar el contexto histórico donde tienen lugar los sucesos psíquicos. Resulta importante para lograr una comprensión más profunda de las circunstancias, aún las del inconsciente.
Sincronizar la historia personal con la historia del mundo. Un país, en este caso.
Esta breve reflexión parte de un doble lapsus. Ocurrió mientras transcribía un apunte de psicología: cuando debía copiar la frase «la palabra distancia curando en la ajenidad, dando historia a las frases; evitando ese congelamiento mortal donde el cuerpo es el sujeto...» escribí involuntariamente — dos veces consecutivas— una construcción inquietante: «el cuerpo es el proceso».
El cuerpo es el proceso. Pronto relacioné...
El cuerpo del Proceso Militar en la Argentina es un cuerpo sustraído, apropiado y mancillado por ese tenebroso otro de la ley (kafkiano, brutal, tiránico, inaccesible). Un cuerpo desaparecido que en palabras del amo (ese otro del deseo perverso) «no está», «no existe», «no es» (declaraciones del general Videla en una tristemente célebre conferencia de prensa). Un cuerpo negado hasta en la brutal e incontrastable evidencia de la muerte. Un cuerpo censurado. Esposado. Maniatado. Anónimo. Torturado.
Si El Proceso, en el sentido de la novela de Kafka, narra la intervención de una ley desconocida cuya lógica no se llega a vislumbrar, el proceso militar es la abolición de toda ley,  el imperio del miedo absoluto.
Donde la subversión — esto es, la transgresión implícita en la base misma de todo deseo— es el elemento a reprimir. Durante la pre—pubertad y la adolescencia misma de mi generación, el deseo intentó ser inscripto por los mecanismos autoritarios de los colegios católicos, mientras los entes censores cortaban (atención a esta palabra) las películas, esto es, las escenas eróticas, es decir la pulsión básica voyeur con su correspondiente contrapartida exhibicionista.
Los cines eran ese espacio sacralizado al que no se podía acceder (por la circunstancia— rito— carente de iniciación tribal— de no tener dieciocho años: edad apta para la guerra). La televisión de aquellos años tenia una publicidad institucional donde un churrasco era devorado a dentelladas por la «subversión». No tardé en hacerme vegetariano.
Otro slogan perverso, situado alrededor del Obelisco, a pocas cuadras de mi casa ubicada frente a TRIBUNALES (otra vez la idea del juicio) decía (advertía) EL SILENCIO ES SALUD. Para mi generación, los dieciocho años no equivalían a la edad apta para emitir un voto sino a Malvinas, es decir la edad apta para ir a la guerra.
¿Cómo no relacionar los confesionarios de los colegios católicos de aquella época con las otras confesiones que requerían penitencias tan morbosas como descargas eléctricas y torturas?. La guerra y otro sustraimiento del cuerpo cuya imagen a través de las revistas o la televisión devolvían mutilaciones y nuevas desapariciones e intervenciones de la ley.
Los vuelos, los cuerpos arrojados al río, los centros clandestinos de detención, la complicidad de los medios (miedos), los gritos de gol, las madres desposeídas como moderna recreación del mito de Antígona, los uniformes y el autoritarismo de los colegios religiosos.
Por otra parte en el lapsus que originara esta nota contrapuse o vinculé de manera involuntaria SUJETO a PROCESO.
Sujeto: atado al proceso. Atado al cuerpo. Sujetado. Procesado. (ley de castigo por el deseo). La «salud» de silenciar.
El cuerpo es el proceso de habitar un cuerpo. El cuerpo es su proceso de habitarse. El cuerpo procesa y algún día cesa. El cuerpo y sus procesos de metabolización y abastecimiento. Digestión. Circulación. El cuerpo congelado en una mirada vive en el cambio: en los procesos. Proceso que hoy requiere la necesidad de recuperar el extraviado poder de la palabra y un compromiso: Intentar escuchar eso algo otro que habla cuando hablamos. Cuando somos hablados o pensados en la conversación fundamental que nos constituye. Desinscribirnos del poder que nos estupra.

© Javier  Galarza

(publicado por primera vez en Revista LA MALDITA, número 7 )

11.10.13

KAVAFIS Y LA MEMORIA DEL CUERPO


Memoria de este amor, / tráeme de esta noche/ el mayor número posible de recuerdos.

Suministra tus remedios, Arte de la Poesía,/ que impiden (por un tiempo) sentir la herida.







CUERPO, RECUERDA

Cuerpo, recuerda, no solo el ardor
con el cual fuiste amado;
no sólo los lechos sobre los cuales
te has acostado, sino esos deseos
que brillaban por ti en los ojos
y temblaban en los labios,
y un obstáculo fortuito
ha impedido que se cumplan...
Ahora que todo eso pertenece al pasado,
casi parece que te has abandonado a ellos...
Cuerpo, recuerda esos deseos
que por ti brillaban en los ojos
y temblaban en los labios.


Traducción: Juan Carvajal


Tomo este poema de Constantino Kavafis (Alejandría, Egipto, 1863—1933) por una serie de vivencias siempre renovadas, relacionadas con este texto. Hay obras de arte capaces de producir una marca o una huella. Reconocemos un buen poema porque no nos deja indemnes: no somos los mismos después de leerlo. Poemas que nos piensan o nos dicen, allí donde cualquier otra forma del lenguaje colapsa. La primera persona que me habló de «Cuerpo, recuerda», fue una chica, hacia fines de los años noventa. Me contó que pensaba en este texto cuando, por diferentes motivos, atravesaba largos períodos de soledad. Entonces, le regalé una antología de Kavafis, con pétalos de una flor depositados en la página del libro que incluía el poema referido (a manera de señalador). Años después, cuando una poeta amiga debió atravesar la complicada instancia previa a una intervención quirúrgica, le sugerí que pensara en este texto, para conectarse con el cuerpo desde un lugar que no fuera el dolor ni el miedo. No muchos meses después, ella debió recomendarme el poema a mí, ante una instancia similar. Algo de eso transmite «Cuerpo, recuerda». Un dolor pequeño e inlocalizable junto a la pulsión del Eros.
«No sólo los lechos sobre los cuales te has acostado » — escribe Kavafis. No sólo el deseo que escapó a la dimensión de la fantasía, sino también eso que, al no haber sido concretado, puede siempre resurgir.
Ante la pérdida de un momento fugaz, queda constancia de ese haber mínimo e indecible, a través de la memoria del cuerpo. Un resto o estremecimiento. Todos los «podría haber sido». Algo que actúa por sustracción: la dimensión inasible de las insinuaciones. Resto que hace al caudal inabarcable del deseo mismo. La fuerza reparadora, incluso curativa, de un intercambio de miradas. Un mutuo y fugaz reconocimiento entre cuerpos. Ese saberse y no, no saberse. Dulce nostalgia de lo no ocurrido, reparaciones pequeñas como la lectura de la carta de una amante de otro tiempo. El poema: algo bello y evasivo como la seducción, cuando la vida nos busca donde no estamos y entonces se hace insinuación y promesa.
Glosando otro poema de Kavafis:
«El arte da cierta forma a la belleza, completando la vida de forma imperceptible, ante vagas memorias de amores incumplidos».

© Javier Galarza


Breve antología aquí: Kavafis o el deseo

2.10.13

JUAN L. ORTIZ. UN CORAZÓN EXCEDIDO.



Manteniéndose en la periferia, en su tierra natal, casi fuera de todo sistema, Juanele logra, sin proponérselo, que el sistema vaya a él... Largas y numerosas peregrinaciones se emprenden para conocer al maestro. Son los medios, los que se ocuparán de él, los que van hacia el escritor.
El poeta recibe a todos con hospitalidad de maestro budista. Se ocupa de escuchar lo que el paisaje dice. Y lo que no. Lo que no dice.

«Todo me excede, todo me excede siempre»

NACIMIENTO ETC.

Juan L. Ortiz (1896- 1978) nace en Puerto Ruiz, Gualeguay, provincia de Entre Ríos. Es el menor de diez hermanos. Pronto se relaciona con la música y la pintura. Pronto también, con sus ideas políticas, que siempre estarán ligadas a la revolución. «Yo diría como Artaud o como Césaire que la poesía está unida ahora a la revolución.» —declarará en un reportaje. Será fiel a esta idea durante toda su vida.
De niño, la temprana visión de unas vacas ordeñadas en la niebla del primer amanecer detonan algo: el salvajismo de su mirada para siempre.

COSAS INFINITAS

«¿Quien al andar por el crepúsculo o al trazar una flecha de su pasado, no sintió alguna vez que se había perdido una cosa infinita?» Tal pregunta de «El hacedor» de Jorge Luis Borges (Paradiso, XXXI, 108) bien podría aplicarse a la poética Juan L. Ortiz. Pero a diferencia del laureado Borges, el poeta entrerriano, dedica las casi mil páginas de ese continuo que es su obra, al intento de hacer fluir, a través de su poesía, todo lo inasible que nos rodea. Y lo hace desde el margen, la periferia, erigiéndose casi sin quererlo en mito y referente, en poeta de poetas. Lo hace «pintando su aldea», pero no del modo en que lo haría un cronista, sino como es misión del poeta: en palabras de Hölderlin: «entregar al pueblo, velados en su canto, los dones celestes».

«Me has sorprendido, diciéndome, amigo,
que «mi poesía»
debe de parecerse al río que no terminaré nunca, nunca de decir...»

SIMBOLISMO

Juanele descifra el «bosque de signos » de «la naturaleza como pilar viviente» (Baudelaire, en el soneto IV de «Las flores del mal» deja en claro las correspondencias propias del simbolismo). El poeta sorprende los «signos de los dioses». Pero la distorsión en las percepciones, el «desarreglo de los sentidos», proclamado por Rimbaud, no acontece por el exceso, «los paraísos artificiales», sino a través de la mesura. ¿Los paraísos naturales? Sobreviene una forma de calma oriental digna de los poetas chinos que tanto admiró Juan L. Ortiz. Entonces, el arte acontece como desocultación del mundo, acorde a la filosofía de Heidegger. No pensamos esta asociación como algo forzado.
Juanele define la poesía como «la intemperie sin fin». Hay consonancia con «los tiempos de indigencia» anunciados por Hölderlin. La intemperie propicia la revelación del ser.

«Cuándo, cuándo, mi amiga, junto a las mismas bailarinas del fuego,
cuándo, cuándo, el amor no tendrá frío?»

PUBLICACIÓN

Publica gracias a la insistencia de sus amigos. El más célebre de ellos es Carlos Mastronardi, autor de «Luz de Provincia».Tiene una breve estadía en Buenos Aires. Luego de dos años retorna a su tierra, de donde no volverá a salir excepto para un viaje por los países socialistas. Hacia 1950 se convierte en referente inevitable del grupo «Poesía Buenos Aires». Muchos de los más grandes poetas peregrinarán para conocerlo. Llegan Raúl González Tuñón (su gran amigo, según Neruda, «el primero en blindar la rosa», Edgar Bayley, Juana Bignozzi, Paco Urondo, Francisco Madariaga entre otros. Atención a los títulos de sus libros, que irán publicándose en ediciones mínimas: «El agua y la noche», «El alba sube...», «El ángel inclinado», «La rama hacia el este», «El álamo y el viento», «El aire conmovido», «La mano infinita», «La brisa perfumada», «El alma y las colinas» y «De las raíces y del cielo». «En el aura del sauce» se incluye los diez libros anteriores, más tres inéditos: «El junco y la corriente», «El Gualeguay» y «La orilla que se abisma». Su obra completa, paradójicamente o no, para un poeta que solo aspiraba a la levedad, es un libro de más de mil páginas... Que empieza y termina en cualquier parte. Como el río. Que es a cada momento diferente.

« Sí, mi amiga, estamos bien, pero tiemblo
a pesar de esas llamas dulces contra junio… »

CHINA: EL JUNCO Y LA CORRIENTE

Viaja a los países socialistas en 1957. Se sorprende al hallar al otro lado del mundo, en la China maoísta de la revolución, un paisaje similar al de su tierra. Conservará un recuerdo entrañable de ese otro mundo, tan cerca, tan lejos, plasmado en el libro «El junco y la corriente». Piensa en sus amigos, sus hermanos al otro lado del mundo, junto a otro río.:

«Oh, las figuras del cariño, dónde,
¿dónde ellas?
Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan Tsé...
Pero por qué no estáis aquí.
vidas, oh dulces vidas, alas que yo no sabía en otro espacio
también que el de mi corazón...?»

TIPOGRAFÍA Y ESTILO

Sabido es que Juanele posee un carácter visual del poema, lo que lleva a cada signo a ser insustituible. Posee una máquina de escribir con caracteres en tamaño 8 (una letra muy pequeña) y así deben leerse sus poemas. Sostiene una inclaudicable discusión con una editorial española que quiere adaptar la tipografía de sus poemas al tamaño normal (esto es, los más legibles 11 o 12). Lejos de la simplicidad que demuestra el hombre, su poesía irá tornándose cada vez más compleja. Para seguir diciéndose y diciendonos. Para abrir preguntas inmensas, inconmensurables.

«No podemos entrar, Abril, en tu/dicha translúcida.
Hay una sombra, Abril,
la sombra de una inquietud,
que nos deja en la orilla, en la/ orilla, temblando de tu dicha..»

ESTILO. MOTIVOS.

La luz de octubre, abril, los meses y las estaciones, se hacen motivo en su poesía.
Diminutivos (florcita, espinillo), guiones de diálogo, largos versos rematados por un signo de pregunta, son algunas de las características de una sintaxis, siempre en el borde, la orilla. Algunas palabras recurrentes: ella, la niña, la amiga (¿corporizaciones de la poesía?) Serán esos signos de interrogación que por sorpresa cierran largos versos una forma de sugerir que cualquier discurso que no sea una pregunta es un totalitarismo?

“¿Hay entre los árboles una dicha pálida.
final, apenas verde, que es un pensamiento
ya, pensamiento fluido de los árboles,
luz pensada por éstos en el anochecer?”

¿QUIÉN FUE AL RÍO?

¡Quién puede pintar un árbol sin transformarse él mismo en árbol!
(Nietzsche)

Tal vez lo más cercano a un arte poética en Juanele sea el poema «Fui al río»*, publicado en 1937 en «El ángel inclinado».
En el primer párrafo siente al río cerca, está frente al río.
«La corriente decía/ cosas que no entendía».
Se angustia en su intento de comprender al río, «qué decía el cielo vago y pálido en él ».
En el segundo párrafo del poema, el poeta regresa del paseo y aparece una pregunta.
«Regresaba/ –era yo el que regresaba?»
Entonces, de pronto, siente un río corriendo dentro de sí.
Ya no hay diferenciación entre hombre y paisaje.
Ya no está «frente» al río. Es parte de él.
«Me atravesaba un río, me atravesaba un río!»

REPORTAJES. ALGUNAS DEFINICIONES.

Juanele aclara algunas cosas en los reportajes.
Consultado acerca de si hay algo de soberbia en su actitud al margen del sistema: «No, no, ni soberbio ni seguro. Tengo algo así como un poco de dolor, sí, de dolor, esa es la palabra, de no sentirme seguro... no me siento seguro ni de la expresión, alguien me habló de «la riqueza del lenguaje », no... esto no lo es».
Acerca de la permanencia en su provincia:
«Acaso he decidido pasar, como bien dice Machado, «la prueba de la soledad en el paisaje»; dura prueba para todo escritor».
Acerca de la función del poeta:
«En China se siente el acento puesto en la revolución. Mao dice siempre que en la revolución no hay detenciones».
Acerca del desarreglo de los sentidos:
«Ahora mismo cuando estuve enfermo, veía los árboles venir hacia mí como Rilke en Muzot, cuando le parecía que cada árbol respiraba con los pulmones de él».
Acerca de «concretar» una obra:
«Todo me excede siempre. Ninguna realización me ha conformado».
«Yo amo la poesía en estado de latencia».

EPÍLOGO O CONTINUIDAD:

El hombre. El mito. El intelectual. El revolucionario. Sigue fluyendo.

DEJA LAS LETRAS... (fragmento)

Deja las letras y deja la ciudad...
Vamos a buscar, amigo, a la virgen del aire...
Yo sé que nos espera tras de aquellas colinas
en la azucena del azul...
Yo quiero ser, amigo,
uno, el más mínimo, de sus sentimientos de cristal...
o mejor, uno, el más ligero, de sus latidos de perfume...
No estás tú también
un poco sucio de letras y un poco sucio de ciudad?

(De las raíces y del cielo, 1.958)


*FUI AL RIO

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.

Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

Juan L. Ortiz

(Nota de J.G. publicada en la revista La otra, número 19 )

26.5.13

DOMICILIOS DE ESCRITORES / LUGARES LITERARIOS DE BUENOS AIRES





Camino y estoy perdido desde que tengo memoria, quizás desde que caminé de los brazos de mi madre hacia algún lugar que aún no descubro. Y como todas las especies de la tierra, necesité delimitar mi territorio. Son unas pocas cuadras que transito infatigablemente, desde El Bajo hasta el microcentro. Calles que indago con desesperación porque revisar nuestra historia y su contexto habla de una ciudad que nos roban y desaparece. Y así como Praga suena hoy inseparable de la leyenda del golem y de Franz Kafka, Buenos Aires también tiene sus mitologías en el barrio de Abasto y Carlos Gardel o Recoleta y el postergado descanso de Evita, el cementerio de Chacarita y la bóveda de Alfonsina Storni o el nicho de la ya mítica bailantera Gilda. La ciudad crece contra el río, se extiende más allá del puerto y se multiplica tanto en historias como en leyendas urbanas. Cerca de la calle Florida, las galerías subterráneas de la antigua Manzana de la Luces contrastan: los túneles de la época de la colonia bajo la peatonal.


MICROCENTRO

Recorro un tramo de la calle Esmeralda. El taxista cuenta «antes esta era una zona poblada de casas de moda, si te fijás bien, todavía quedan restos del tranvía… » Ahora el lugar se transformó  en una zona de bancos y operadores de bolsa. «Estas calles que recorro ya no son mi ciudad…» confiesa el conductor.
Bajo y camino hacia una plaza extraña, algo sombría, con monumentos de hierro retorcidos y paredes repletas de pintadas, un lugar como un refugio momentáneo de perros, niños y paseantes que desentona con los edificios circundantes. Entonces recuerdo que una madrugada, en un impulso desesperado caminé hasta aquí. Leí que se hacían excavaciones, pues se descubrió bajo la plaza un cementerio de la época de la colonia. No amanecía y estábamos solos los cadáveres y yo. Junto a la mirada furiosa de un escritor que abrió los ojos en ese lugar, un particular literato que aún hoy no puedo leer sin odio. Esta plaza de la calle Esmeralda lleva su nombre: Roberto Arlt.


MONTEVIDEO 980

En un impulso intercepto la puerta negra que comienza a cerrarse tras la entrada de un vecino apurado. Es un día de frío y lluvia y estoy encerrado en este edificio lúgubre digno de una película de Roman Polanski, aquí donde vivió y murió la poeta Alejandra Pizarnik. Me pregunto si los espejos enfrentados del pasillo de entrada habrán sido testigo de ese final, si reflejaron sus sucesivas internaciones hasta la definitiva sobredosis de barbitúricos. Pienso en la violencia que transmite el impulso irrefrenable del acto suicida, esa voluntad de «no ir más que hasta el fondo». Allí donde se dejó dormir cuando sus lápices y papelitos se astillaron hasta el estallido final y cincuenta pastillas para conjurar el insomnio y pasar al otro lado del espejo como su admirada Alicia de Lewis Carrol. Atrás quedan el bar El Cisne, en la esquina, donde se sentaba a escribir, su larga residencia en el barrio de Avellaneda, desde donde inició entre ataques de asma y pánico, sus primeras incursiones literarias de la mano de Juan Jacobo Bajarlía en una Buenos Aires floreciente en el ámbito editorial, frecuentado por personajes como Oliverio Girondo y Pichon Riviere, la reclusión aforística de Antonio Porchia, la gente de Poesía Buenos Aires con Raúl Gustavo Aguirre a la cabeza, sus amigos Olga Orozco, Ivonne Bordelois y más allá, en París, Octavio Paz y Julio Cortázar. Sus terapias, sus internaciones en el pabellón neuropsiquiátrico del Hospital Pirovano, y su estallada máquina de sujetos textuales.


REMEMBRANZA

El escritor Cesar Aira, amigo personal de la poeta, contó una anécdota en un bar de la avenida Corrientes, luego de una magistral charla en el Centro Cultural Rojas. Alejandra, por su cárcel formal y minimal precisión de vocablos, jamás hubiera utilizado en sus poemas palabras o construcciones de la vida cotidiana como «café con leche». De hablar de una comida, dijo, lo haría del «vacío al horno con papas». Vacío porque remite a la nada de la existencia. Decir «horno» tiene cierta connotación infernal y «papas» remite a lo religioso.


CORDOBA Y ESMERALDA. MAIPU. AVENIDA DE MAYO.

Frente a un lujoso edificio blanco de Avenida de Mayo cuya fachada resiste el paso del tiempo, miro hacia el balcón del piso más alto. Porque allí una señora canosa y adelantada a su época llamada Alfonsina Storni intentó besar a un joven llamado Manuel Mujica Láinez, quien huyó espantado ante el intento de la poeta. Intento imaginar la ciudad algún tiempo atrás cuando hacia el añejo café Tortoni caminaba, entre otros, Federico García Lorca. Y un poco más allá, en Maipú al 900, la que fuera casa de Jorge Luis Borges. La calle desemboca en la Plaza San Martín, donde el maestro realizaba sus paseos diarios. Una cita del cuento «La muerte y la brújula» me acude a la mente una y otra vez con la recurrencia de la obsesión: «La casa no es tan grande. La agrandan la penumbra, la simetría, los espejos, los muchos años, mi desconocimiento, la soledad».


MEXICO AL 500

Tomo la calle Venezuela bajando desde la avenida 9 de Julio. Una placa distingue el solar donde vivió durante años el escritor Witold Gombrowicz. Doblando hacia la calle México se destaca el edificio donde alguna vez funcionó la Biblioteca Nacional y uno de sus bibliotecarios fue Jorge Luis Borges. Logro entrar sin ser detectado por la guardia. Entonces me invade el ruido de una música informe. Percibo algo extraño en los ejecutantes de la orquesta, algo que no logro decodificar. De pronto, tropiezo accidentalmente con la mujer más hermosa que he visto. Es albina, como surgida de alguna mitología. Y ciega. Entonces comprendo que el particular ensayo está formado por una orquesta de ciegos. Pienso que Borges también concibió su cosmogonía entre estas paredes. La inmensa biblioteca de Babel que metaforizaba el Universo. Es demasiado. Debo irme. Los secretos del Cosmos, casi tanto como los del amor, son vastos e inabarcables.
Y debo seguir caminando.


© JAVIER GALARZA

26.2.13

LA EXTENSIÓN DE UNA FRASE

Los filósofos presocráticos pensaban con la (i)lógica de la poesía. Tomemos cualquier aforismo de Heráclito o algún fragmento de Parménides : El camino que sube y el camino que baja son uno y el mismo o el pensar y el ser son la misma cosa
Según la filosofía de Heidegger (deudora de la poesía de Hölderlin, Trakl y Rilke) cuando Heráclito pensó el logos como palabra directriz, la palabra era lo nombrado.
Veamos los aforismos de Antonio Porchia, por dar otro ejemplo: 

Cerca de mi no hay mas que lejanías

Poetas como Roberto Juarroz y Alejandra Pizarnik extendieron esas frases para forjar su poética.

Recurrimos a otro autor, Henri Meschonnic

es porque me nombro / tú / que no olvido / vivir. 

¿Un pensamiento? ¿Una ética hacia el otro

Voy al diccionario. 
Fraseo: El arte de puntuar y graduar una frase musical. 

Creo que allí hay una clave para recuperar la oralidad de la poesía, su origen en los romanceros anónimos y por qué no, su poder de pensamiento. La poesía, en los libros sagrados de todas las culturas, siempre un paso adelante. Sin totalitarismos, abriendo grietas en la realidad acordada, brechas. Mostrándonos por ese breve instante que dura la desocultación, hacia donde podemos mirar.
Duración no mensurable, la de quien juega su vida en el lenguaje. 
O en la extensión de una frase.
Mejor otro verso de Meschonnic:

hoy / las hojas muertas / iban más rápido que yo

Bibliografía básica:
Los presocráticos, ediciones Orbis.
Logos, Heráclito, (fragmento 50), Martin Heidegger 
Puesto que soy esa zarza, Henri Meschonnic, Leviatán. 
Voces de Antonio Porchia. (Hay bellas ediciones en usados y reedición de Alción).
Alejandra Pizarnik, Cesar Aira, Beatriz Viterbo 
Cancionero y romancero español, de Dámaso Alonso.

28.11.12

APUNTES SOBRE LA ESCRITURA


La escritura y su lugar recóndito y su algo de juego de niños.

Las escondidas. Los espejos.

Mansión en la que adentrarse transgrediendo reglas y prohibiciones.

Hacia el mudo — imposible— lugar de encuentro entre las palabras y las cosas.

Saciedad los dioses dormidos.

Lo tan recóndito de esos dioses.

Lo tan mudo.

Todo eso que no cesa de no escribirse ni decirse.

La comprensión abismada.

Eso que aproxima la piel a un encuentro. es primero sugerencia. detenimiento y promesa.

Nos insinúa. Somos insinuados.

Como sombras en las tardes prontas breves y huidizas del otoño.

Textos. Texturas. Textualidad.

Un susurro en la mansión del silencio.

Delación de nombrar un imposible.
Milagro incompleto. Vaga promesa de quietud.

Es decir para no decir para decir y así.

Esa añoranza particular que produce algo que nos encuentra donde no estamos.

Lo evasivo del mundo permeando nuestras pieles hacia un encuentro tal vez posible.


2.

Con texturas y textualidades, con ternuras y violencias,
la escritura trama y entrama como las subas y bajas de la marea.

Cifra / (des) cifra los signos de la infancia.

Con matices, manejos de luz y de sombra, alternancia de vértigos y reposo,
desvanece los presupuestos, cada «debería ser».

Pensar textos a manera de estampas, imágenes paganas de santos a venerar, figuras de religiosidad o quizás ventura.

Textos estampados como sellos, marcados a fuego o tatuados,

Como los movimientos de las olas, pleamares y bajamares,
la letra crea puntos de coordenada y salvataje.

Estampas como pequeños retratos de lugares inasibles,
resistiendo en la llovizna.

Manifestando los silencios convocados.

3.

Escritura poética como creación de un nuevo cuerpo, un nuevo emplazamiento, un lugar otro desde donde pensar/se que— como el contacto entre las pieles— requiere urgencia pero también algo de vértigo y pudor. Piedad por el secreto y respeto ante el misterio de lo que calla y nos dice. Duerme su tarde invernal y a cada momento puede resurgir.

*

¿Respondo una pregunta que no ha sido formulada y con la respuesta creo la pregunta misma?


¿Como si nombrar fuera perder? ¿ Hallar?  ¿Buscar el sentido originario y mágico de las palabras?

*

Los espacios en blanco del poema como evocación de una nada o una muerte. La aproximación hacia lo que no podrá decirse sucede a través de los márgenes y los recuadros.

Entrar lateralmente a un no lugar para crearlo.

Luces que nos conmueven de estrellas muertas muy lejos. Entre estas paradojas nos movemos.

Contornear el vacío sin despeñarse en él.

Perimetrar.

4.

Hablar de Cura como Restitución de las cadenas asociativas.

Cuando en el mundo no interpretado de la infancia (Rilke), las palabras tomaban significados atroces, la narración de algún cuento infantil, producía un sentido en el mundo.

Proustiana presencia de la madre hilvanando pequeñas historias cuando la noche
y el insomnio tocaban el miedo en su estado abstracto.

Los restantes / faltantes de la trama simbólica piden estas notas, estos nuevos emplazamientos.

En tanto reescritura del propio libreto.

Pero para arrojarlo a lo imposible. A lo impensado.

El cuerpo se des inscribe de los poderes, escribiéndose.

Punto: de la poesía como ética y forma de habitar (Hölderlin / Heidegger).

La lógica de lo posible desvanece ante estas coordenadas.

Liberado de las ficciones neuróticas el vacío también es un lugar.

Ante la finitud asumida y la continuidad simbólica,

escribir como una preparación para el silencio.

12.10.12

MONOLOGO DE NOVALIS


El gran poeta romántico Novalis (Friedrich Von Hardenberg, 1772-1801) no sólo nos legó sus bellos Himnos a la Noche. Es autor también de este extraño texto conocido como el monólogo de Novalis, anticipo de las filosofías del lenguaje donde el habla se piensa a sí misma. Sorprende la modernidad de este breve texto (de incierta datación), sobre la autonomía del lenguaje. Analizado por Heidegger y Sollers, comparado con los lingüistas modernos, el monólogo de Novalis, dónde somos hablados.







Es una cosa ciertamente extraña el hablar y el escribir; el verdadero diálogo es un mero juego de palabras. Es de admirar el ridículo error de que la gente crea que habla para decir las cosas. Precisamente lo propio del lenguaje, que sólo se preocupa de sí mismo, no lo sabe nadie. Por eso es un misterio tan maravilloso y fecundo que cuando uno habla sólo por hablar, justamente entonces, exprese las verdades más espléndidas y originales. Quiere, sin embargo, hablar de algo determinado, y el caprichoso lenguaje consigue que diga las cosas más ridículas y equivocadas. De ahí proviene también el odio que mucha gente seria siente contra el lenguaje. Nota su petulancia, pero no nota que aquel charlar que desprecian es la cara infinitamente seria del lenguaje. Si se pudiera hacer comprender a la gente que el lenguaje es como las fórmulas matemáticas – constituyen un mundo en sí – sólo juegan consigo mismas, no expresan otra cosa que su maravillosa naturaleza, y precisamente por eso son tan expresivas – y por eso se refleja en ellas el singular juego de relaciones de las cosas. Sólo por su libertad son miembros de la naturaleza y sólo en sus movimientos libres se manifiesta el alma del mundo y las convierte en una delicada medida y compendio de las cosas. Lo mismo sucede con el lenguaje – quien posea un fino sentido de su digitación, su compás, su espíritu musical, quien perciba el delicado efecto de su naturaleza interior, y mueva según éstos su lengua o su mano, llegará a ser un profeta, por el contrario, quien lo sepa, pero no tenga oído ni sentido suficiente, escribirá verdades como ésta, pero el lenguaje mismo le engañará y los hombres se burlarán de él como los troyanos hicieron con Casandra. Si con ello creo haber indicado de la forma más clara la esencia y la función de la poesía, sé que ningún hombre puede entenderlo y que he dicho una tontería, porque he querido decirlo y de esta forma no surge poesía. Pero ¿y si tuviera que hablar? ¿Y si este instinto del lenguaje que me hace hablar fuese la marca de la inspiración y los efectos del lenguaje en mí? ¿Y si mi voluntad sólo quisiera todo aquello que debe; así podría esto ser finalmente, sin yo saberlo ni creerlo, poesía y hacer comprensible un misterio del lenguaje? ¿Y así yo sería un escritor porque el destino me ha llamado, pues un escritor no es otra cosa que alguien poseído por el entusiasmo y el espíritu del lenguaje?



Novalis, Monólogo, Estudios sobre Fichte y otros escritos, R. Caner-Liese, Madrid, Ediciones Akal, 2007

2.7.12

BALBUCEO SAGRADO





Por Natalia Litvinova y Javier  Galarza

Quizás, así como el político o el científico buscan un discurso “convincente”, el poeta puede jactarse de vacilar en el lenguaje, de no estar seguro, de arriesgarse a ese peligro que abre el habla a sus bordes y abismos.

¡PALLAKSCH!

Quien tropieza en el lenguaje es quien no ejerce su fuerza totalitaria. El poeta se mueve en ese peligroso margen entre el sentido y el sinsentido. Hölderlin durante sus años de locura y su encierro en la torre, pronunciaba una única palabra carente de sentido para el resto de los mortales: “Pallaksch”.

Paul Celan, con su lengua balbuciente, propia de quien debe deconstruir un idioma tan poderoso como el alemán para evidenciar  sus potencias y flaquezas, escribe este poema en los límites mismos del lenguaje:

 “Si viniera,/ si viniera un hombre,/ si viniera un hombre al mundo,/ hoy, con / la barba de luz de/ los patriarcas: debería,/ si hablara de este/ tiempo,/ debería/ sólo balbucir y balbucir,/ siempre-, siempre-,/ asíasí// (“Pallaksch, Pallaksch”.)

La nietzscheana destrucción del dios – gramática que Huidobro lleva a cabo en el Altazor, culmina con la vasta imagen creacionista transformada en apenas glosolalias que evidencian ese lugar donde el poeta juega con los restos del lenguaje:
Al aia aia/ ia ia ia aia ui/ Tralalí/ Lali lalá/ Aruaru/ urulario/ Lalilá/ Rimbibolam/ lam/ lam (…)

BAR BAR BAR

La palabra bárbaro, procede de la forma en que los griegos designaban a los extranjeros, que al hablar, sonaba a sus oídos como bar, bar, bar. No porque fueran ignorantes: solo una cuestión de sonido del lenguaje.
Los bárbaros se hacen necesarios porque su supuesta condición salvaje garantiza la existencia del civilizado. El hombre de la certeza necesita la presencia del bárbaro para corroborar sus seguridades aparentes.
De allí el termino barbarismo empleado para referirse a palabras que no están aceptadas por la Academia por estar mal escritas, mal pronunciadas, o por tratarse de extranjerismo que no se han incorporado al idioma oficial.
Bien trató Kavafis esta temática en su célebre poema:
“-¿Por qué no acuden, como siempre, los ilustres oradores/ a echar sus discursos y decir sus cosas?/ Porque hoy llegarán los bárbaros y/ les fastidian la elocuencia y los discursos.// ¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?/ Esta gente, al fin y al cabo, era una solución”.

TRASTABILLAR

Veamos cómo se manifiesta lo enunciado en dos poetas de origen judío, Alejandra Pizarnik y Osip Mandelstam:

Pizarnik, desde la adolescencia, tartamudea. Vacila en esa lengua, el castellano, de la que debe apropiarse. Todos trastabillamos en el lenguaje, pero imaginemos que esa vacilación es aún mayor en una persona con cierta tartamudez, que intenta el castellano cuando la lengua de sus padres son el ruso y el idish.

Escribe Tatiana Bubnova: Para Mandelstam, judío de nacimiento, adquirir la plenitud de la lengua rusa significó un gran esfuerzo, debido a las condiciones de su ambiente familiar. En la época de su formación como poeta, el lenguaje de la poesía había sido comparado con el balbuceo o tartamudeo “divino”.
De hecho en el otro gran ideólogo del acmeísmo, el balbuceo tuvo una importancia primordial: “Sólo a ti se te concede, poeta, / Como si fuera un legado divino, / Este inmenso balbuceo/ Símbolo de profunda grandeza” escribió Nicolai Gumilov.

OTRA LENGUA EN LA LENGUA

Deleuze considera a la lengua como un sistema en desequilibrio

Leyendo a Gherasim Luca *, dice “las disyunciones se vuelven inclusivas, y las conexiones reflexivas. Cada palabra se divide y se combina en si misma (pas-passe-passion). Como si el lenguaje entero se pusiese a rodar, a derecha e izquierda, y a bambolearse, para adelante y para atrás”. “…cuando se crea otra lengua en la lengua, todo el lenguaje tiende hacia un límite “asintáctico”, “agramatical”, o que comunica con su propio afuera”.

Vemos el procedimiento utilizado por Gherasim Luca, en la versión de Mariano Fiszman:

APASIONADAMENTE (fragmento)

…paso paso paspaspas paso
pasppaso ppaso paso paspaso
el paso paso el paso en falso el paso
paspaspaso el paso el mal
el malva el mal paso
paspaso paso el paso el papá
el papá malo el malva el paso

TROPIEZOS

¿Quién está seguro en el lenguaje?  No los poetas, afortunadamente. A estos tropiezos, estos intentos del tal vez, a todo lo que como posibilidad destituya las certezas, intentamos dedicarnos.



Video del poema tartamudeado por Gherasim Luca:
*Poeta rumano nacido en Bucarest en 1913. Fundó un movimiento surrealista interdisciplinario y escribió en francés. Trabajó con Jean Arp, Max Ernst y Paul Celan.
Sus investigaciones sobre la lengua, con sus efectos de tartamudeo, fueron estudiadas por Gilles Deleuze,  que lo consideró el primero en enunciar la teoría del Anti-edipo, que después él desarrollaría. Después de cinco intentos de suicidio, interrumpió su vida arrojándose al Sena en 1994.



2.4.12

TRES ANÉCDOTAS SOBRE MIGUEL ÁNGEL BUSTOS




Vivo ausente del tiempo. Soy mi siglo como soy mi sexo y mi delirio. Soy el siglo liberado de toda fecha y penumbra.

1. El sacrificio de una virgen

Una noche de lluvia torrencial, allá por mil noves ciento sesenta y tantos,  Miguel Ángel Bustos apareció por el departamento de Psicología de Filosofía  y Letras, donde trabajaba Alberto Szpumberg
¿Qué hacés Miguel Ángel? chorreaba por los cuatro costados, se sacó el piloto y de uno de los bolsillos extrajo un cuchillo de cocina.
Alberto –temblaba todo vengo a consumar el sacrificio de la virgen.
En ese momento entró José Irzisoglin, decano del departamento.
— Doctor, le dijo Szpunberg, le presento a Miguel Ángel Bustos..
Conozco sus poemas, le dijo, y le tendió la mano
Viene a consumar el sacrificio de una virgen. Lo que Miguel Ángel no sabe, es que acá no va a encontrar ninguna.
Irzisoglin y Szpungberg rieron. Miguel Ángel también.

Dejó el cuchillo sobre el escritorio.
Se sentó y se largó a llorar.


Pero cuando muera, el profeta que hay en mí se alzará como un niño sin moral y sin patria. Un niño loco con lengua de alaridos. Entonces amanecerá en el millón de Galaxias.


2. Miguel Ángel

Miguel Ángel con sus ojos claros y su aspecto siempre aniñado y su humor incombustible; con su "lesión epiléptica", con su traje de siempre, cada vez más gastado y elegante y una manta al hombro para pasar la noche en un baldío porque “Alberto, acá está el pueblo”, “expropiando” libros de astrología, ocultismo y cábala en francés y…armenio.


Madres del futuro; cuidado; cuando muera puedo volver.
Entonces, ay, vientre que me aguardas, dulcísimo catedral de tinieblas.


 3. Esto se parte

Piden más tostados, café,  Alberto Szpumberg agrega una ginebra.
Miguel Angel no puede tomar alcohol por la medicación. Piden un pastel de manzana.
Miguel Ángel se dirige hacia las chicas de la mesa de al lado.
¿Saben que por mordisquear un poquito de manzana la humanidad perdió su inocencia?
En la mesa de al lado cunde el desconcierto
¿Saben que sólo los locos, los poetas y los chicos, aunque se coman todas las manzanas de Río Negro no pierden su inocencia? Deben de tener un anticuerpo, algo espiritual, no necesariamente corporal.
El mozo se acercó.
Esto se parte…— grita de pronto Miguel Ángel. ¡Esto se parte! ¡Esto se parte! ¡Esto se parte! y tomó sus libros y salió corriendo.
Spumberg lo alcanza en Corrientes y Florida.
— ¿Qué te pasó? — Miguel Ángel temblaba y respiraba mal.
— ¿No viste que todo se partía? Esas chicas eran unas arpías, te juro, eran las hijas de Lilith.



Bibliografía: Alberto Szpumberg, ¿Quién le teme al tigre de Miguel Ángel Bustos?, Página 12, Universidad Madres Plaza de Mayo

1.2.12

INGEBORG BACHMANN (PARTE III): POEMAS A ANNA AJMÁTOVA Y NELLY SACHS




Tras este diluvio / quiero a la paloma /
y únicamente a la paloma / verla salvada de nuevo.//
¡Yo me hundiría en este mar! // si ella no volase /
si ella no trajese / a última hora la hoja.

I. B., Tras este diluvio


El último período creativo de Ingeborg Bachmann nos acerca un momento de su creación tan bello como desesperante. En el momento de la renuncia, el canto se torna más bello, doloroso y visceral. Otra forma de arder en el lenguaje. Volveremos en este pequeño dossier a transitar por las hojas y papeles que el fuego ha perdonado. Acercamos en esta oportunidad dos imprescindibles poemas escritos por Ingeborg Bachmann para dos colegas inmensas.

El primero es para la poeta Anna Ajmátova, y el segundo para la poeta Nelly Sachs


EN VERDAD

Para Anna Ajmátova


A quien nunca se quedó sin palabras,
y yo os los digo,
quien sólo sabe ayudarse a sí mismo
y con las palabras,.

a éste no se le puede ayudar.
Ni por el camino corto
ni por el largo

Hacer sostenible una única frase,
aguantar en el ding-dong de las palabras.

Nadie escriba esta frase
que no la firme.



VOSOTRAS PALABRAS:

Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, en veneración

¡Vosotras, palabras, levantáos, seguidme!
y aunque ya estemos lejos,
demasiado lejos, nos alejaremos una vez
más hacia ningún final.

No aclara.

La palabra
sólo arrastrará
otras palabras,
la frase otras frases.
El mundo así quiere,
definitivamente,
imponerse,.
quiere estar dicho ya.
No las digáis.

Palabras, seguidme,
¡que no se vuelva definitiva
esta ansia del verbo
y dicho y contradicho!

Dejad ahora un rato
que ninguno de los sentimientos hable,
que el músculo corazón
se ejercite de una manera diferente.

Dejad, digo, dejad.

Nada digo yo susurrado
al oído supremo,
que sobre la muerte no se te ocurre nada,
déjame y sigueme, ni dulce
ni amargo,
ni consolador,
no significativamente
sin consuelo
tampoco sin signos—

Y sobre todo, no eso: la imagen

en el tejido de polvo, el retumbar vacío
de silabas, palabras de agonía.

¡Sin decir nada,
vosotras palabras!


Notas sobre la autora:


Las versiones pertenecen a Cecilia Dreymuller y Concha  Garcia

20.10.11

PAUL CELAN LEE A OSIP MANDELSTAM



1

En el audio que acabamos de escuchar Paul Celan lee su traducción de una elegía escrita por Osip Mandelstam a su madre:

Diese Nacht: nicht gutzumachen, bei euch: Licht, trotzdem. Sonnen, schwarz, die sich entfachen
Vor Jerusalem.
Sonnen, gelb: grösstes Entsetzen - schlaf, eiapopei. Helles Judenhaus: sei setzen mein Mutter
bei.
Sie, die nicht mehr priesterlichen, gnad und heilsberaubt, singen aus der Welt, im Lichte, eines
Weibes Staub.
Judenstimmen, die nicht schweigen, Mutter, wie es schallt. Ich erwach in meiner Wiege,
sonnenschwarz umstrahlt.
(Celan GW V, 95)

2.

Aquí una versión en castellano de la elegía de Mandelstam:

Esta noche es irremediable.
Pero en vuestra casa aún hay luz.
A las puertas de Jerusalem
salió un sol negro.

El sol amarillo es más terrible,
–duerme, mi niño, duerme–,
en un luminoso templo los judíos
dieron sepultura a mi madre.

Sin la bendición divina,
excluidos del sacerdocio,
en un luminoso templo los judíos
oficiaron una misa por la difunta.

y sobre mi madre resonaron
las voces de los hijos de Israel.
Me desperté en la cuna,
alumbrado por un sol negro.

3.

La elegía fue escrita por Osip Mandelstam a la muerte de su madre, Flora, ocurrida por un derrame cerebral el 26 de julio de 1916, a los 48 años.. Enterado por su padre mediante un telegrama, Mandelstam, que se encontraba en Koktebel, no pudo llegar a tiempo para verla en vida. Según Nadiezhda Mandelstam, siempre se sintió culpable de ello.
4.

El lector pronto hallará puntos de contacto entre esta traducción y la vida y la poética de Paul Celan. La madre de Paul Celan fue asesinada por los nazis, en sus “campos de trabajo”. Es historia conocida que Celan alertó a sus padres sobre el peligro de las deportaciones. Se escondió y al volver a buscarlos ya no estaban. No volvió a ver a sus padres.

CHOPO, tu follaje mira blancamente hacia lo oscuro.
El cabello de mi madre nunca se hizo blanco.
Diente de león, así de verde es la Ucrania.
Mi rubia madre no regresó al hogar.
Nimbo, ¿te demoras junto a la fuente?
Mi callada madre llora por todos.
Redonda estrella, tú rizas el dorado bucle.
El corazón de mi madre fue herido de plomo.
Puerta de roble, ¿quién te dislocó de los goznes?
Mi dulce madre no puede venir.

5.

Nos permitimos jugar con los idiomas y en esta moderna Babel acercamos una aproximación de la traducción que hizó Celan de la elegía por la madre... de Mandelstam? del mismo Celan?

Esta noche: no puede repararse,
con vosotros, luz sin embargo
Soles, negro, que se avivan
delante de Jerusalén

Voces judías que no callaban
madre como resuena.

6.

A veces cuando está terminando una era el sol se vuelve negro, escribió la viuda de Mandelstam.
El sol de la melancolía, el negro, tradujo Celan el célebre verso de Gerard de Nerval ganándolo una vez más para su poética. 


Y su guerra.
Y la nuestra.

link a nota celan mandelstam