Tras este diluvio / quiero a la paloma /
y únicamente a la paloma / verla salvada de nuevo.//
¡Yo me
hundiría en este mar! // si
ella no volase /
si ella no trajese / a última hora la hoja.
I. B., Tras este diluvio
El último período
creativo de Ingeborg Bachmann nos acerca un momento de su creación tan bello como
desesperante. En el momento de la renuncia, el canto se torna más bello,
doloroso y visceral. .Otra forma de arder en el lenguaje. Volveremos en este
pequeño dossier a transitar por las hojas y papeles que el fuego ha perdonado. Acercamos en
esta oportunidad dos imprescindibles poemas escritos por Ingeborg Bachmann para
dos colegas inmensas.
El primero es
para la poeta Anna Ajmátova, y el segundo para la poeta Nelly Sachs
EN VERDAD
Para Anna Ajmátova
A quien nunca se quedó sin palabras,
y yo os los digo,
quien sólo sabe ayudarse a sí mismo
y con las palabras,.
a éste no se le puede ayudar.
Ni por el camino corto
ni por el largo
Hacer sostenible una única frase,
aguantar en el ding-dong de las palabras.
Nadie escriba esta frase
que no la firme.
VOSOTRAS PALABRAS:
Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, en
veneración
¡Vosotras,
palabras, levantáos, seguidme!
y aunque ya
estemos lejos,
demasiado lejos,
nos alejaremos una vez
más hacia
ningún final.
No aclara.
La palabra
sólo arrastrará
otras palabras,
la frase otras
frases.
El mundo así
quiere,
definitivamente,
imponerse,.
quiere estar
dicho ya.
No las digáis.
Palabras,
seguidme,
¡que no se
vuelva definitiva
—esta
ansia del verbo
y dicho y
contradicho!
Dejad ahora un
rato
que ninguno de
los sentimientos hable,
que el músculo
corazón
se ejercite de
una manera diferente.
Dejad, digo,
dejad.
Nada digo yo
susurrado
al oído supremo,
que sobre la
muerte no se te ocurre nada,
déjame y sigueme,
ni dulce
ni amargo,
ni consolador,
no
significativamente
sin consuelo
tampoco sin
signos—
Y sobre todo, no eso: la imagen
en el tejido de polvo, el retumbar vacío
de silabas, palabras de agonía.
¡Sin decir
nada,
vosotras
palabras!
Notas sobre la autora:
Las versiones pertenecen a Cecilia Dreymuller y Concha Garcia

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