2.4.12

TRES ANÉCDOTAS SOBRE MIGUEL ÁNGEL BUSTOS




Vivo ausente del tiempo. Soy mi siglo como soy mi sexo y mi delirio. Soy el siglo liberado de toda fecha y penumbra.

1. El sacrificio de una virgen

Una noche de lluvia torrencial, allá por mil noves ciento sesenta y tantos,  Miguel Ángel Bustos apareció por el departamento de Psicología de Filosofía  y Letras, donde trabajaba Alberto Szpumberg
¿Qué hacés Miguel Ángel? chorreaba por los cuatro costados, se sacó el piloto y de uno de los bolsillos extrajo un cuchillo de cocina.
Alberto –temblaba todo vengo a consumar el sacrificio de la virgen.
En ese momento entró José Irzisoglin, decano del departamento.
— Doctor, le dijo Szpunberg, le presento a Miguel Ángel Bustos..
Conozco sus poemas, le dijo, y le tendió la mano
Viene a consumar el sacrificio de una virgen. Lo que Miguel Ángel no sabe, es que acá no va a encontrar ninguna.
Irzisoglin y Szpungberg rieron. Miguel Ángel también.

Dejó el cuchillo sobre el escritorio.
Se sentó y se largó a llorar.


Pero cuando muera, el profeta que hay en mí se alzará como un niño sin moral y sin patria. Un niño loco con lengua de alaridos. Entonces amanecerá en el millón de Galaxias.


2. Miguel Ángel

Miguel Ángel con sus ojos claros y su aspecto siempre aniñado y su humor incombustible; con su "lesión epiléptica", con su traje de siempre, cada vez más gastado y elegante y una manta al hombro para pasar la noche en un baldío porque “Alberto, acá está el pueblo”, “expropiando” libros de astrología, ocultismo y cábala en francés y…armenio.


Madres del futuro; cuidado; cuando muera puedo volver.
Entonces, ay, vientre que me aguardas, dulcísimo catedral de tinieblas.


 3. Esto se parte

Piden más tostados, café,  Alberto Szpumberg agrega una ginebra.
Miguel Angel no puede tomar alcohol por la medicación. Piden un pastel de manzana.
Miguel Ángel se dirige hacia las chicas de la mesa de al lado.
¿Saben que por mordisquear un poquito de manzana la humanidad perdió su inocencia?
En la mesa de al lado cunde el desconcierto
¿Saben que sólo los locos, los poetas y los chicos, aunque se coman todas las manzanas de Río Negro no pierden su inocencia? Deben de tener un anticuerpo, algo espiritual, no necesariamente corporal.
El mozo se acercó.
Esto se parte…— grita de pronto Miguel Ángel. ¡Esto se parte! ¡Esto se parte! ¡Esto se parte! y tomó sus libros y salió corriendo.
Spumberg lo alcanza en Corrientes y Florida.
— ¿Qué te pasó? — Miguel Ángel temblaba y respiraba mal.
— ¿No viste que todo se partía? Esas chicas eran unas arpías, te juro, eran las hijas de Lilith.



Bibliografía: Alberto Szpumberg, ¿Quién le teme al tigre de Miguel Ángel Bustos?, Página 12, Universidad Madres Plaza de Mayo

2 comentarios:

franco dijo...

Gracias por esto! ¿Hay más de Alberto Szpumberg sobre Bustos?

Vilma Barerx dijo...

Gracias