24.10.08

TRES VERSIONES DE TRES POEMAS DE EUGENIO MONTALE

ILUSTRACIÓN: MALEVICH

Pocos emprendimientos literarios tan difíciles: hacer resonar en otro idioma el misterio de aquellos magníficos primeros poemas del italiano Eugenio Montale (1896-1981).
Ossi Di Seppia es uno de los clásicos del siglo XX.
Hueso de un cartílago, paradoja como la que lleva a Osip Mandelstam a descubrir que la vértebra misma del siglo XX nació rota.
Para mejor acercar al lector a estos versos, hemos añadido tres poemas en tres diferentes versiones  hechas por tres poetas argentinos.

I: «... lo que no somos...»

No nos pidas la palabra que esculpa cada lado
nuestro ánimo informe, y lo revele
con sus letras de fuego, y resplandezca
como una planta de azafrán perdida
en medio de un campo polvoriento.

¡Ah el hombre que se va, seguro,
amigo de sí mismo y de los otros,
y no cuida su sombra que ese calor ardiente
dibuja sobre un descascarado muro!

No nos pidas la fórmula que pueda abrirte mundos;
sí una torcida sílaba, seca como una rama.
Solo esto podemos hoy decirte:
aquello que no somos, eso que no queremos.

Versión de Gianni Siccardi


No nos pidas la palabra que escrute íntegramente
nuestro ánimo informe, y con letras de fuego
lo revele y esplenda como flor de azafrán
perdida en medio de un campo polvoriento.

¡Ah el hombre que se marcha seguro
de los demás y de sí mismo amigo,
y no cuida su sombra que el ardiente calor
graba sobre un descascarado muro!

No nos pidas la fórmula que pueda abrirte mundos;
sí alguna contrahecha sílaba, seca como una rama.
Esto solo podemos hoy decirte:
lo que no somos, lo que no queremos.

Versión de Horacio Armani



No nos pidas la palabra que ciña a cada lado
nuestro ánimo informe, y con letras de fuego
lo manifieste espléndido como flor de azafrán
extraviada en el medio de un polvoriento prado.

¡Ah los hombres seguros que se van,
en paz con los demás y con sí mismos,
ajenos a la sombra que el bochorno
estampa encima de una tapia en ruinas!

No nos pidas la fórmula que un mundo pueda abrirte;
sí apenas una sílaba reseca como un leño
Hoy tan sólo esto podemos decirte:
lo que no somos, lo que no deseamos.

Versión de Ricardo H. Herrera


Non chiederci la parola che squadri da ogni lato / l’animo nostro informe, e a lettere di fuoco / lo dichiari e risplenda come un croco / perduto in mezzo a un polveroso prato. // Ah l’uomo che se ne va sicuro, / agli altri ed a se stesso amico, / e l’ombra sua non cura che la canicola / stampa sopra uno scalcinato muro! // Non domandarci la formula che mondi possa aprirti, / sì qualche storta sillaba e secca come un ramo. / Codesto solo oggi possiamo dirti, / ciò che non siamo, ciò che non vogliamo.


II: «...vida mía no te pido...»


Vida mía no te pido lineamientos fijos,
rostros plausibles o posesos.
En tu girar inquieto
ajenjo y miel tienen ahora un único sabor.

El corazón que desdeña todo impulso
rara vez sufre un sobresalto.
Así resuena a veces en el silencio de los campos
un tiro de fusil.

Versión de Gianni Sicardi


Vida mía no te pido lineamientos
fijos, rostros, plausibles o posesos,
En tu inquieto girar ahora el mismo
sabor tienen la miel y el ajenjo.

El corazón que todo movimiento desdeña
raramente es sacudido por sobresaltos.
Así a veces resuena en el silencio
de los campos un tiro de fusil.

Versión de Horacio Armani


Mi vida no te pido rasgos fijos,
rostros plausibles o fuera de sí.
En tu inquieto vaivén ya son iguales
el sabor de la miel del ajenjo.

Al corazón que juzga el cambio vil
rara vez lo sacude un sobresalto.
Así a veces resuena en el silencio
de los campos un tiro de fusil.

Versión de Ricardo H Herrera


Mia vita, a te non chiedo lineamenti/ fissi, volti plausibili o possessi./ Nel tuo giro inquieto ormai lo stesso /sapore han miele e assenzio.//
Il cuore che ogni moto tiene a vile/ raro è squassato da trasalimenti./ Così suona talvolta nel silenzio /della campagna un colpo di fucile.



III: «...la divina Indiferencia...»


A menudo he encontrado el dolor de vivir:
era el arroyo angostado que se encrespa,
el enroscarse de las hojas secas,
era el caballo desplomado.

Bienes no conocí, sino el milagro
que produce la divina Indiferencia:
era la estatua entre la somnolencia de la siesta,
la nube y el halcón en su elevado vuelo.

Versión de Gianni Siccardi


La pena de vivir a menudo he encontrado:
era el arroyo estrecho que borbota,
era el enroscamiento de la hoja
reseca, era el caballo desplomado.

Bienes no conocí, más que el prodigio
que ofrece la divina Indiferencia:
era la estatua entre la somnolencia
de la siesta, y la nube, y el halcón alto alzado.

Versión de Horacio Armani


El dolor de vivir a menudo he encontrado,
fue el borbotón del riacho que se ahoga,
fue la retorcedura de la hoja
seca, fue el desplomarse del caballo.

Bienes no hallé, tan solo la visión
que brinda la divina Indiferencia:
la estatua entre el letargo de la siesta,
la nube y el vuelo alto del halcón.

Versión de Ricardo H Herrera


Spesso il male di vivere ho incontrato:/ era il rivo strozzato che gorgoglia,/
era l'incartocciarsi della foglia/ riarsa, era il cavallo stramazzato.//
Bene non seppi, fuori del prodigio/ che schiude la divina Indifferenza:/
era la statua nella sonnolenza/ del meriggio, e la nuvola, e il falco alto levato.


Huesos de Jibia, Eugenio Montale, Traducción y prologo de Ricardo H. Herrera.
La casa de los aduaneros y otros poemas, Eugenio Montale, Traducción selección y prologo de Gianni Sicardi, Centro Editor de América Latina.
Huesos de Jibia, Las ocasiones, Eugenio Montale, Traducción prologo y notas de Horacio Armani, Librerías Fausto.

2 comentarios:

Jorge Aulicino dijo...

Javier:
Te felicito por confrontar estas versiones de Montale, hechas por argentinos. Es notable como cada uno interpreta a su modo, no digo que no deba ser así, pero ¿es lo mismo interpretar que adaptar? Por ejemplo: "Non chiederci la parola che squadri da ogni lato / l’animo nostro informe..." Lo mejor hubiese sido traducir "No nos pidan la palabra que encuadre lado a lado / nuestro ánimo informe..." Era tan simple...

gabrielaa. dijo...

"ciò che non siamo, ciò che non vogliamo"

en esas bastardillas del original está la clave: el militante antifascista que se rehúsa a proclamar una verdad absoluta (la palabra resplandeciente, en letras de fuego, que encuadra exacta), y sólo puede indicarla mediante la negativa